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Björk, el arte y las tecnologías del espectador

por Juan Anselmo Leguizamón (@jalnuevemil)

El nuevo videoclip musical de Björk (Stonemilker, dir. Andrew Huang) se estrenó directamente en internet y la novedad es que fue realizado con una nueva tecnología que le permite al espectador “mover la cámara” en 360° con el puntero o el dedo en pantalla táctil. No sé cómo hacen esa filmación que cubre toda la vuelta completa de la escena, en un flujo continuo como si fuese una sola toma, sin aparente corte de edición, y que además esto se pueda “operar manualmente” con el puntero. No sé si será un nuevo tipo de drone que pronto aparecerá en las grandes tiendas de electrodomésticos y podremos filmar cumpleaños en 360°. En fin, el video está en internet a disposición del público con solo teclear en cualquier buscador, no hay que esperar la programación de la TV para ver este -o cualquier video- ya que estamos en la época donde no hay más programación sino menú. En este punto comenzó todo: cuando tú, espectador, puedes elegir cuándo y a qué hora mirar algo y entonces es más importante la cantidad de reproducciones en internet que el rating de la emisión tradicional. Ahora casi lo único que se mira en caliente, en vivo y en directo, son los grandes enfrentamientos deportivos. Sin embargo, no hace falta insistir sobre la baja capacidad de acceso de la población y funcionamiento de internet, sobre todo para estos experimentos digitales: el video está en calidad 4k (superior al HD) pero todavía es irreproducible en esa calidad con la velocidad de banda que tenemos aquí en este lado de país y del mundo, el 4k es primerísimo primer mundo. Este video solo puede experimentarse en pantallas con mouse o táctiles, en la televisión normal quedaría fijo en el punto de mira inicial con lo cual perdería la interactividad -aunque no habría que descartar esa experiencia contemplativa tampoco. De todos modos con una conexión a internet más o menos buena se puede reproducir este video porque en baja calidad también puedes “moverlo” Pero ¿para qué?

Björk tiene un tema con las artes visuales, sus videos son famosos porque convocó para trabajar en ellos a artistas del cine y el video, especialistas en la creación audiovisual en términos plásticos y narrativos, con ella misma vuelta un personaje. Son atractivos, oníricos, variados y crean un pequeño mundo como ciertos pintores o cineastas. A esto se suma el arte de sus discos, su propia producción como personaje y las escenografías teatrales de sus recitales, que la vuelven una antecesora o “referente” de esa especie de caldo de expresionismo posmoderno de una Lady Gaga, o antes de un Marilyn Manson y desde más allá un Bowie, el primer Génesis, la psicodelia, etcétera. En tercer lugar hay un detalle, tal vez una confesión: en uno de sus videos (“Army Of Me”) una Björk vestida de proletaria karateca maneja un monstruoso camión con vida propia y llamativamente dinamita un museo de arte moderno para despertar a su amor del letargo ¿Qué pasó ahí? ¿A quiénes va dirigido ese video? ¿A artistas contemporáneos que descreen de la institución arte-galería, a gente que sabe que las viejas vanguardias cuestionaron la institución artística materializada en el espacio de la galería o museo de arte? Este videoclip sería el vehículo (aparataje) industrial para hacer arte por fuera del arte moderno o las bellas artes y, en lo posible, dinamitarlo (en favor de los vínculos humanos) Sobre la canción-slogan de los inicios del canal Music Television (MTV) “el video mató a la estrella radiofónica” (“Video Killed The Radio Star”, The Buggles), Björk parece reescribirla como “el video mató a las artes”.

El video que emula las bellas artes (la pintura), suma otras artes tradicionales (teatro, danza) e incluso pasa de largo del cine, sería la producción artística posmoderna por definición, diferente a todas las anteriores, que fagocita todo a la velocidad punk de los 3 minutos. ¿Por este lado era la apuesta de los noventa, las promesas de atravesarlo todo y salir directamente por el circuito del rock y el pop en un tira-y-afloje con el Arte? Björk era arte con aire de vanguardia aún para quienes jamás se preocuparon por las vanguardias ni oyeron hablar de la historia del arte. Hoy se suele adjetivar como “arty” a lo que en las músicas populares parece tener algo que ver con las Artes, pero dentro del campo de las artes visuales hay que marcar la diferencia con el denominado “video-arte” donde la producción de visualidad no depende de la centralidad de una pieza musical comercial (Nam June Paik, Bill Viola, Ar Detroy) y que además suelen montarse en video-instalaciones que demandan la presencia viva del espectador tal como en el hecho teatral. Entonces para el mundo del rock & pop Björk era avant-garde, enamorada del Arte pero al mismo tiempo en conflicto con él (por estos días hay una polémica acerca de la pertinencia de haber montado una muestra dedicada a ella en el Museum of Modern Art de Nueva York) En fin, en su obra opera una cierta “interacción” por la reelaboración mediante cita o referencia de corrientes o tradiciones estéticas pre-existentes y en la época de la “muerte del autor” cualquier obra puede ser considerada un cúmulo de influencias más o menos controladas pero, aún así, sigue siendo un problema del artista, del sujeto-supuesto-autor, no del público.

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A quince años del inicio de un nuevo milenio, la última nueva cosa es lo digital e interactivo. Hay una zona del arte contemporáneo pasado al mundo digital: internet, sitios web, redes sociales, pantallas, aparatajes, interactividad mediada por sistemas electrónicos. Así aparece Björk para ponerse nuevamente a la punta en la corriente de los videos musicales con este video movible por el espectador. A diferencia de varios de sus elaborados “hits” audiovisuales, éste no es más que una innovación parcial o una demostración tecnológica en un escenario despojado y básico. Tal vez una limitación técnica impone que, por ahora, solo se pueda grabar a alguien moviéndose en un lugar vacío. Lo demás es el chiche de mover la pantalla con el mouse para seguir a la cantante o para el otro lado donde se ve el paisaje. De la era pre-interactiva, por ejemplo, sigue siendo impactante un video como el “Nothing Compares 2U” de Sinéad O´Connor con la mirada directa hacia el espectador en un primerísimo primer plano fijo. Esto de la interactividad se agota cuando se pasa el momento infantiloide de jugar a tocar y mover, o de haberte dado el “trabajo” de moverle la cámara.

En general, con la movida interactiva se quiere trasladar al espectador o “interactor” la potestad de manipular o rehacer la obra y que “participe” de una “experiencia” que él mismo se prodiga. El problema es que la obra participada puede ser peor que una obra terminada; si un escultor me da pico y martillo para que le “prosiga la obra” muy posiblemente resulte una porquería. Supongo que hay matices en la zona del arte interactivo, una variada inteligencia de los tecno-artistas para disponer elementos y posibilidades en obras “operables”, y todo esto en medio de una discusión sobre el pasaje de la “contemplación” a la “experiencia” directa o mediatizada en el arte más o menos reciente. Pero, en este caso, más vale buscar en la red los videos donde Björk nos propone completa, redonda y terminada, la propuesta imaginativa potente e inesperada que la hizo singular. Por otro lado, puede pasar que esta tecnología 360° no se quede en lo artístico y termine utilizada en la televisión para que el espectador tenga la opción de mirar la cara de tal o cual panelista durante en una pelea.

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Quizá llegue el día en el que los espectadores podamos editar o rehacer a nuestro gusto los videos musicales. Hay que notar que los videos caseros o amateurs que hoy circulan tampoco son una avalancha de creatividad -como siempre, lo interesante son las excepciones. Pero la imaginación no es libre, se libera. Lo que se suele buscar de un artista es que te vuele el mate cuando por tu propia cuenta no puedes hacerlo y entonces hace falta algo/alguien que te desencaje, que te lleve a mundos que no tenías o ni se te ocurrían. Necesitamos de los otros, de la otredad, cierta inaccesibilidad, diferencia, distancia, extrañeza, abismo. “El infierno son los otros” dijo Sartre, y claro: no los puedes controlar con un botón; pero también el infierno puede ser uno mismo: que todo se pueda acomodar a nuestro gusto quizá se parezca mucho a jugar encerrados en cuartos sin ventanas. En el extremo, la ¿utopía? de un mundo sin ajenidades, sin otros, donde por la disponibilidad blanda de todo recurso se haya llegado a la abolición de las dificultades e inquietudes de toda búsqueda e interacción, con millares de seres abandonados a sí mismos cada cual produciendo su propio, íntimo e “intocable” arte. De las célebres torres de marfil a las cuevas unicelulares subterráneas. • Revista Cabeza

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