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Yo también quiero escribir desde el corazón

por Omar Layús Ruiz

Yo también quiero escribir desde el corazón después de haberme pasado todo el día viendo una y otra vez los informes que la televisión hizo del partido de ayer. Desde el reportaje a la mujer de Sergio Romero buscando el por qué no se lleva bien con las esposas de los demás jugadores hasta al filmación de la spider-cam, esa adquisición maravillosa que nos dio este Mundial para poder ver las jugadas desde arriba. Todo eso durante todo el día, una y otra y otra vez.

Yo también quiero escribir desde el corazón porque pasaron 24 años desde la última vez que jugamos una final. Yo tenía 6. Y aunque era muy chico, tengo todavía en la retina la imagen de mi viejo pegando un salto del sillón de cuerina marrón de la casa de mi abuela gritando “¡casi la toca!” cuando a Goycochea se le estiró hasta la última célula del alma y no pudo alcanzar ese disparo nefasto de Brehme que nos rompió el cuerpo faltando 5 minutos para el final, con un Olímpico de Roma que nos odiaba hasta la náusea después de aquella atajada contra Serena.

Yo también quiero escribir desde el corazón porque tengo un pibe que tiene casi la misma edad que tenía yo cuando ganamos el Mundial del 86. Es una gran coincidencia. Y eso me hace buscar en otras de las más hilarantes coincidencias por las que pueda pensar que este es el momento, que esta no se nos escapa, que este es nuestro. Que nunca un europeo ganó en nuestro continente. Que ganamos primero, después ganaron ellos y que ahora nos toca a nosotros de nuevo. Que Alemania siempre perdió después de golear a un rival. Que tenemos a Messi, que es el mejor jugador de nuestra era y que tenemos suerte de estar vivos para poder verlo jugar y que él va a ganar porque sí. Que el Papa Francisco va a hacer lo posible porque ganemos. Pienso en todo eso.

Yo también quiero escribir desde el corazón porque nos lo merecemos. Porque fuimos de menor a mayor. Porque al principio era 4 Fantásticos y hoy son 11 leones. Porque lo puteamos a Rojo y nos le cagamos de risa durante todas las eliminatorias y ayer estábamos contentos de que vaya desde el arranque. Porque Demichelis no puede volver del baile que le pegó un boliviano en una goleada inolvidable y ayer nuestra defensa fue una muralla y como dice el capítulo 15, versículo primero de la Biblia: las buenas defensas ganan campeonatos. Amén. Porque Sabella era un hijo de puta, antifútbol, antipatria, que nos paró con 5 defensores contra Bosnia y hoy es casi nuestro Bilardo. Todo eso es posible ahora. Porque nadie pide tener memoria de nada. Todos queremos ir para adelante. Ser campeones. Esta es la nuestra, muchachos, no se nos tiene que escapar. No puede escaparse porque ayer lloramos abrazados gritando que estábamos en la final.

Yo también quiero escribir desde el corazón porque somos privilegiados. Te das cuenta que lo somos cuando veo a Di María abrir el pie para metérsela a Suiza con la tranquilidad de como si se hubiera estado atando los cordones. El tipo con la mente hecha un témpano mientras nosotros nos sentíamos otra vez al borde de la muerte. Te das cuenta que somos privilegiados cuando ves a un flaco como Romero contar los pasos ida y vuelta de palo a palo antes de los penales como un chico de 10 años, con ese cuerpo que no sabe de abdominales marcados y esa barba rala que no pertenece a un adulto. Es un chico parado debajo de un arco del tamaño de una casa y las va a cachetear a todas para que estallemos en llanto otra vez.

Yo también quiero escribir desde el corazón porque estamos en la final. Porque no se nos tiene que escapar. Ojalá que no se nos escape. Revista Cabeza.

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