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El milagro del pop

Por Omar Layús Ruiz (@NOLachus)

1.

A la hora de fanfear con lo que escuchamos, vemos o leemos, las fábulas siempre están ahí, al alcance de la mano y sobre todo si se trata de cuántas veces te expones a tal o cual producto. Si te toca hablar de algo que te gusta o te gustó mucho, como mínimo podes decir que lo escuchaste, viste o leíste como mil veces, cosa que en la mayoría de los casos es humanamente imposible. Ver 1000 veces una obra maestra del cine en tiempos de Guerra Fría como Rocky IV -por ejemplo- implicaría haber estado 63 días frente al televisor viendo lo mismo una y otra y otra vez; y escuchar, por ejemplo, 1000 veces This charming man de The Smiths, implicaría escucharla durante 44 horas seguidas.

2.

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Calma. Ya pasaron casi dos meses de la salida a la calle de Random Access Memory (RAM, de aquí en adelante), el disco que el dúo de robots conformado por Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter sacó a la luz después de tomarse 5 años para producir, grabar y recontra grabar en sus estudios de Paris comandando una mole de circuitos y teclas hecha a medida, integrada por media docena de computadoras, sintetizadores, osciladores, máquinas de ruido y kilómetros de cables que sería imposible saber qué llevan y traen. Un despliegue tan kakfiano como ambicioso para después de todos estos años entregar uno de los trabajos más esperados de 2013. El resultado son 13 bombas que explotan cadenciosamente una detrás de la otra dejando un reguero de beats, melodías en clave lounge y con guiños funk, vocoders y un elenco de invitados con destino de knock out que muestra nombres como Giorgio Moroder, dios de la música electrónica; el megaproductor Nile Rodgers (Parliament Funkadelic, David Bowie, Duran Duran), el multifacético Paul Williams (Phantom of the Paradise, An Old Fashioned Love Song); además de “nuevos talentos” como Pharrel Williams (The Neptunes, N*E*R*D) –voz de Get lucky, la canción del año-; el vocalista de The Strokes Julian Casablancas, y los Panda Bear, entre otros. Si Human after all (2005) había intentado materializar la “humanización” de los rostros detrás de los cascos –concepto que no terminó de cerrar del todo-, RAM llega a confirmar el gesto biónico lleno de magia e invitados imposibles de reunir para cualquier proyecto. Ellos lo lograron. RAM es una experiencia fascinante por el catálogo dance y electro de todas las épocas.

3.

A modo de medley, mientras marcha esto se me ocurre pensar en lo siguiente: ¿En qué categoría entran los ídolos de los ídolos? ¿Existe o podría existir tal cosa? Los músicos y artistas que admiramos son, como nosotros, simples mortales que también admiran a otros. James Murphy es un ídolo para muchos de nosotros. Lo dejé en claro en el primer párrafo de un texto que escribí hace unos meses, antes de empezar a hablar de un meteoro . A fuerza de puñados de hits que rozaban lo épico Murphy se metió en nuestros corazones para siempre, aunque apenas nos hayan quedado dos discos bajo el alias de esa genialidad que fue LCD Soundsystem. No casualmente el primer hit del combo neoyorquino comandado por el gordo Murphy se llamó Daft Punk is playing at my house (LCD Soundsystem, 2005), una declaración sencilla de devoción hacia el dúo de robots franceses.

4.

El viraje hacia la estética pop retrofuturista que The Strokes inició con Angles (2011) después del debut solista de Casablancas (Phrases for the Young, 2009) por poco se lleva puesta la formación -llamémosla- tradicional o clásica de la banda de rock -guitarra, bajo y batería- por una donde los teclados y sintes le pasan por encima a las seis cuerdas. Esto poco tiene que ver con el regreso a las raíces del rock garagero que el quinteto de Nueva York proponía con dos discos al hilo: Is this it (2001) y Room on fire (2003), sin ningún tipo de duda la etapa más entrañada por los fans del grupo. La banda que había llegado a salvar el rock -rezaba la prensa- subidos a la misma ola que Jack White y su big sister Meg, además de otros grupos como The Vines, Jet, Mando Diao, The Libertines, The Bravery, y los Killers cuando Brandon Flowers todavía usaba saco con chomba Fred Perry en lugar de plumas de algún ave rapaz en las charreteras. Casi diez años más tarde, con Phrases… y Angles masticados, Casablancas, más cerca de bandas como A-Ha que de la ira glitter de The Stooges, cierra el círculo (¿para siempre?) con Comedown machine (2013), el último coletazo de la banda de los cinco chetos para el sello RCA, y hasta muy probablemente –se sospecha- el último de la banda. La diferencia con el sonido primitivo es clara y hasta se asimila como extremidad de la faceta solista del cantante. Se habrán cansado de hacer lo mismo. Sea como sea, hay algo que como banda ya no funciona ahí.

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5.

En ese rally de intentos por comprender la situación nos llega Instant crush, -track número 5 de RAM- una obra maestra en forma de canción que logra que las metáforas sobre el imaginario de lo que intentamos interpretar desde hace varios años como una estética “retrofuturista” anclada en la década de los ochenta cobre nuevos significados. Los Daft Punk vienen de componer la banda de sonido de Tron: Legacy (Joseph Kosinski, 2010) y ahí es donde parece que nada estuviera librado al azar. En Instant crush un océano de sintetizadores pasea la voz siempre taciturna de Casablancas con una comodidad inquebrantable. El auto-tune en piloto automático apoyado en un loop de batería cuadrado y repetitivo –ese mismo efecto vocal que Cher supo reventar en su megahit Believe gracias a la inventiva creatividad del dúo- es un punto a favor extra en este sueño biónico de las canciones pop. Un universo alumbrado íntegramente por luces de neón.

Instant crush es una canción de amor. Otra muestra del intento por componer un disco de canciones, siempre con el dance como hilo conductor.  En un estribillo super ganchero de velocidad irreproducible incluso para los que estudiamos algo de inglés, Casablancas canta: “And we will never be alone again, Cause it doesn’t happen every day, Kinda counted on you being a friend, Can I give it up or give it awaymientras la pared de sintetizadores, los efectos lo envuelven y el amor crece. Despliega un registro de media docena de voces y hasta se anima a falsetes que terminan siendo conmovedores. Quien sea que haya cruzado a estos dos milagros del pop merece un lugar privilegiado en el cielo de las canciones. La ecuación del costado humano de los Daft Punk más la ambición estética de Casablancas desencadena este encuentro mágico donde pareciera que se condensan las versiones definitivas de estos artistas. ¿Qué intervención superadora nos podría ofrecer este combinado de partes equilibradas de instrumentos, tecnología y humanidad después de todo? Casablancas parece nadar a través de Instant crush. ¿Qué más hay?

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En mi caso, si tengo que decir que escuché Instant crush 1000 veces, implicaría haberlo hecho 7 veces por día durante casi un poco más de un mes. Es altamente probable que lo haya hecho. • Revista Cabeza

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2 Comentarios

  1. Celebro el disco y sobre todo celebro la supremacia del dance. Celebro el anonimato escénico de los Daft Punk y me pregunto por que ocurre asi? Si alguien tiene una clave, tiradla por favor. Sería interesante profundizar en la banda con un dato tal, en caso de incidir en la propuesta artística o no.
    Estaría bueno un repaso mas completo del album, Omar.
    Lo cual no quita la opcion por el fetish

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