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Roma es Amor al revés

Por Cristóbal Livio* (@ciudaddelbuque)

Llegamos a Roma a las 16.15 Patmé, Goriyaz y yo. Con quinientas horas encima sin fumata estaba loco de la vida, aguanté con chicles, caramelos y lo que sea para bajar la ansiedad. Otra horita entre valijas, papeleos y yo miraba el exterior como la salvación. Al fin le metí al faso más quemado y rápido de la historia antes de subir al taxi. Roma, Roma, Roma, todos tus caminos, vasto imperio, eje del universo creyente, aquí estamos y vamos a conquistarte. Los tres íbamos en silencio, embobados y medio dormidos todavía. Cuando el taxista nos escuchó hablar, adivinen, ¡argentino! ¡Hermano, qué pasa aquí, qué onda con Fernando! ¡Están todos pirados, no paran! Chau loco, pinta grosso ¿no? Esta noche se va a armar lindo. Qué golazo, viejo. Argentina campeón, papá, LTA Brasil. Rolo me invitó un faso ahí mismo en el auto, Patmé abrió la ventanilla y sacó la carita para respirar Roma. Llegamos al hotel re amigazos, me dio el celular por cualquier cosa. Fuimos cada cual a su habitación, miré la ciudad, en realidad un edificio de enfrente, y me tiré en la cama. Con Patmé y Goriyaz nos conocemos de la Acción Juvenil de María y hace bastante que no nos veíamos, pero en esa época éramos como los tres de Harry Potter. Ahora el papá de Patmé, un súper papá industrial, le dijo si quería venir a Roma a sumarse con los jóvenes del mundo a la asunción de Fernando, ella nos invitó por Facebook y ¡bingo! henos aquí los tres recuperando la magia. Ya re pasamos los veinticinco pero bueno ¡que viva! Prendí la tele y me llegó un mensaje de ¡George! ¿Cómo sabes que estoy aquí? Goriyaz había colgado una foto etiquetada de los tres en el Face. George es editor del “Expreso Semanal” de Ciudad del Buque y me pedía una nota tipo “enviado especial”, que saque fotos, escriba algo y le mande todo por mail para mañana, que me invitaría un asado… Más tarde nos encontramos con los chicos en el lobby, limpios y bendecidos por las aguas romanas. Pat estaba radiante, Gori y yo más o menos como siempre pero más repuestos. Partimos hacia la previa de la súper vigilia: casa de la señora Rita, ingeniera amiga de la mamá de Pat. Pintaba medio ayuno la cosa: té, café, bocaditos, sanguchitos, jugos, todo rodeado de chicas y chicos de América Latina. Salimos de allí a la medianoche en caravana: Pat y yo en auto con Mercedes la mexicana, Gori en una motoneta con un peruano, atrás el resto en una combi. Todos recalamos en una plazoleta con pantalla gigante, ya no se podía llegar al centro de la trifulca porque miles y miles habían llegado antes que nosotros. Listo, armamos campamento y a cantar y cantar… Era un re quilombo, un parlante tiraba pop italiano, otro unos latines recitados y nosotros cantábamos. Poco me acordaba de las letras pero es como andar en bici, pedaleas un poco y las canciones de la iglesia te salen solas. Entrada la madrugada todo se puso en silencio, la gente tirada por ahí, Pat echada de espaldas encima mío y por ningún lado un mate ¡Cómo un grupo parroquial sin mate! Nos levantamos a buscar un bar para comer algo y entramos a un pub llamado Donn, humeante y a pleno. Parados en la barra comimos sándwiches con cerveza irlandesa, total después dormimos un rato y nos levantamos para el momento cúlmine. Con Pat recordamos las pavadas del colegio bajo el efecto de los Smiths. ¿Che, serán católicos aquí? Por los verdores del lugar me pareció que seguían con la jarana post San Patricio. Gori me mandó un mensaje y ahí nomás se vino con Mercedes, entre todos nos bajamos una tras otra y se armó el bailongo cuando un grupo de romaníes hizo tal bochinche que se entusiasmó la concurrencia. La Mequi había sabido ser un cuete, revoleó las trencitas, puso primera y largamos. Bajo el frenesí vintage bailamos y cantamos hits de U2, Cranberries, R.E.M., Cardigans, Fine Young Cannibals, Blur, después Beyoncé, Katy Perry, los Rollings… El Gori un capo haciendo el paso de la gallina bataraza, pero mamita cuando entró Harlem Shuffle… quién lo diría: Patmé me dejó patidifuso con las artes dancísticas de una panteresca acojonante. En el entrepiso, arrellanados en un sofá nos pusimos unas flores de papel en la cabeza, flotamos por el universo y onda va onda viene nos besamos cuando sonaba No Rain. Abajo ya brindaban a los gritos ¡por Fernando, eeeh! ¡Otra por Fernando, eeeh! ¡Otra más por Fernando, eeeh! En el baño me crucé con un viejo barbudo, alto y de ojos verdes, me miró por el espejo cuando se lavaba las manos y subrepticio me dijo en un castellano duro: El lord no es… para eso estoy yo. Justo entraron dos chinos muy alegres, uno cantando Like a Virgin, y en eso salí. Abajo otro vejete de pelo larguísimo en túnica verde oscuro gritaba parado sobre la barra, lo que alcancé a entender: “Go, people, go! Fernán is coming!” En eso Mequi, que a estas alturas ya era media hermana de Pat, nos llevó a un gran departamento a unas cuatro cuadras de allí. Mientras un grupo jocoso se avenía a las celebraciones y vociferaba en el balcón, Pat y yo tomamos por nuestra cuenta una habitación grande. Bueno, francamente nos quisimos mucho y según lo sucedido esa noche ya tendríamos como quince hijos y respectivos nietos, calculo. Desperté pasado el mediodía, solo en esa fabulosa cama de ocho plazas. Con las celebraciones en otra etapa, la plaza central en relativa paz, internet informaba que el orbe transitaba en melodiosa comunión hacia la siesta romana universal. Pat me había mandado un mensaje a las 11.15: “Con tía Rita después te llamo”. Conecté con Gori que ya estaba en el hotel, levantado hacía poco también. El departamento estaba en completo silencio, bajo esa fresca oscuridad de las cortinas sin correr. Camino a la puerta pasé en puntas de pie al lado de unas criaturas andróginas despatarradas y envueltas en sedas azul francia. Bajé, pillé un taxi y fui a comer con Gori en el hotel, él un plato de fideos con tuco, yo un santo pollito grillé. Luego vagamos por callejones, cafés y un mercado persa donde compré un hermoso librillo titulado La stanza spirituale para llevarle a mamá que estudia italiano. A eso de las ocho nos encontramos con las chicas en la famosa Fontana di Trevi donde… ya saben. Calma, amor, risas, placidez y belleza, Roma nos encontraba alineados en perfecta rotación. A la mañana siguiente partimos de regreso hacia nuestro ferviente país. En el avión a crucero me dormí escuchando Sunshine Reggae y soñé una película italiana cuyo nombre no me acuerdo. (Disculpá, Georgie, ya sé que esta nota no le importa a nadie pero es lo único que pude escribir). • Revista Cabeza

(*) Laboratorio Literario de Ciudad del Buque

Imagen: “Roma Circo Massimo”, instalación de Giancarlo Neri.

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