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Cosa de varones

Por Gonzalo Infante

Por lo general cuando escuchamos la palabra feminismo es probable que lo primero que se nos venga a la cabeza sea la imagen de un grupo de mujeres manifestándose en las calles. A estas representaciones incluso les podemos brindar distintos significados: de adhesión, de indiferencia o incluso rechazo. Dependiendo de la información con la que contemos y del posicionamiento que asumamos al respecto. Lo cierto es que, difícilmente, al escuchar la palabra feminismo, se nos presente como primera imagen un grupo de varones reunidos, pensando en cuestionar sus privilegios.

Feminismo es una palabra incomoda, que constantemente nos plantea nuevas preguntas. Como expresión de las luchas populares, el feminismo ha atravesado diversos cambios durante su historia y ha resignificado a lxs sujetxs que se alistan bajo su bandera. Es así que las mujeres lesbianas, trans y con otras identidades disidentes se han incorporado progresivamente a la lucha, afiliación concretada a partir de haber puesto en tensión los ejes del propio feminismo y en consecuencia de haberlos resignificado.

¿Podemos los varones ser feministas también?

Primero debemos aclarar que ser feminista para los varones implica transitar un proceso de cambios y cuestionamientos constantes que probablemente nos lleve toda una vida. Es por eso que ser feminista, más que una identidad acabada, es una elección que implica constantemente el cuestionarse uno mismo y a los otros en clave de combatir las opresiones entre géneros. Al caso y como ejemplo que ilustra la cuestión, es clave entender que lograr un verdadero “Ni una menos” no es responsabilidad exclusiva de las compañeras sino también de todos aquellos que nos identificamos como varones siendo los principales victimarios y también los que ejercemos la violencia machista. En esto reside el carácter mixto del feminismo. En esto reside el carácter mixto que estamos desafiados a construir.

Falsos protagonistas

Los varones tenemos tendencia a pretender ser protagonistas de toda iniciativa pública y política, se sabe. Porque así lo aprendimos socialmente. Es por esto que hay que tener cuidado que nuestro lugar en la lucha feminista no acapare los espacios que han generado nuestras compañeras, relegándolas a un segundo plano. Estamos de acuerdo en que nuestra iniciativa debe estar puesta en crear y pensar espacios y propuestas propias, que nos permitan aportar a la lucha feminista. Ese es el caso, por ejemplo, de los Encuentros Nacionales de Varones Antipatriarcales.

De manera más especifica, nuestra tarea consiste en cuestionar los privilegios que hemos incorporado durante toda nuestra vida y crianza por el sólo hecho de tener pene y testículos, entendiendo que estos privilegios generan situaciones inequitativas para con nuestras compañeras.

Sucede que en muchas familias que los varones no están obligados a lavar los platos o limpiar la cocina, mientras que esas si son tareas que se esperan de las “mujeres de la casa”. En el mismo sentido, sucede que hay varones que, en un “ataque de solidaridad”, pretenden “ayudar” a sus novias a limpiar, en lugar de hacer su parte. Ayudar nos remonta a la posibilidad de aliviar una tarea que es responsabilidad de otro. En cambio, “hacer su parte” es entender que hay de fondo una responsabilidad compartida. Podemos echar manos de un análisis similar mencionando el comportamiento que se espera de las mujeres que son madres, quienes “deben” ser las encargadas del cuidado de los hijos, distinto a lo que sucede con los varones, de quienes no se espera tengan la misma responsabilidad, con tanta determinación.

“Los varones tenemos tendencia a pretender ser protagonistas de toda iniciativa pública y política, se sabe. Porque así lo aprendimos socialmente. Es por esto que hay que tener cuidado que nuestro lugar en la lucha feminista no acapare los espacios que han generado nuestras compañeras, relegándolas a un segundo plano”.

Ni hablar de situaciones relacionadas con inequidades y desigualdades del ámbito laboral. Es público que los varones cobran mejores salarios en relación con las mujeres que realizan la misma tarea. Tampoco pueden aspirar a cargos de mayor jerarquía.

Las organizaciones y movimientos sociales tampoco están exentos de ser escenarios de estas desigualdades, ni siquiera aquellas que nos denominamos feministas. Muchas veces, durante las asambleas y reuniones los varones no tenemos en cuenta la voz de una compañera de la misma forma que se valora la voz de un varón. Incluso existen mecanismos que limitan de manera simbólica y practica su real participación.

En las calles son las mujeres quienes corren peligro al transitar, peligro de ser acosadas, violentadas, abusadas e incluso asesinadas. El varón por su parte, cuenta con cierta invulnerabilidad a la vida de las calles. Poco probable es que mujeres nos acosen y violen por circular por la calle de noche. Lo decimos irónicamente, por supuesto, porque resulta realmente absurdo comparar ambas situaciones, a pesar de que muchas veces lo intentan.

Tampoco es cierto decir que no existen casos de varones violentados, no se trata de eso. Sino que la cantidad de situaciones de violencias que sufren las mujeres cuando salen a la calle es muchísimo mayor que la que puedan llegar a padecer los varones. Algunos varones suelen reconfortarse y afirmar que no son machistas por el sólo hecho de que nunca golpearon o gritaron a su pareja. Sin embargo, ocultan otros tipos de violencias, como controlar constantemente las actividades de sus compañeras, juzgarla por la ropa que usan o revisar su celular; obligarla a mantener relaciones sexuales sin su consentimiento, mantener relaciones sexuales sin protección por decisión exclusiva del varón, entre otras situaciones que parecieran estar naturalizadas dentro de las relaciones de pareja.

Las expresiones de violencia machista son las que nos presentan una tarea inmensa y urgente a los varones. En ese sentido, el primer paso implica reconocer y visibilizar estas desigualdades para poder hacernos cargo y desde allí comenzar a transitar el arduo camino de construir nuevas formas de relacionarnos con las mujeres.

Cortar con la complicidad machista

¿Que significa esto? Pues claramente implica estar dispuestos a intervenir cuando detectamos que hay una situación de violencia o inequidad contra una mujer. Ejemplo de esto puede ser ese amigo o conocido que sabemos que controla a su pareja. Sabemos que le prohibe salir de la casa o trabajar porque supone que sólo el varón trabaja y lleva el pan a la casa, generando en esa mujer, además, dependencia económica.

Otro caso concreto es cuando estamos en el tercer tiempo de un partido de fútbol y el grupo comienza a “chamuyar” (llamándolo por su nombre, es acoso), a cada mujer que pasa. ¡Hay que intervenir! Esto desde luego nos pone en un lugar de incomodidad, ya que nos enfrenta a la posibilidad de disgustarnos o cortar relacion con nuestras amistades o familiares por intervenir ante estos abusos de poder.

Sobre las responsabilidades del Estado y la Sociedad Civil

Es necesario entender las desigualdades en el marco de un ordenamiento social que las reproduce y que afecta a las mujeres en múltiples dimensiones de su vida: lo familiar, lo laboral, las relaciones sociales, el acceso a la propiedad, el acceso a la salud, el acceso a la educación. En ese sentido cobra mucha importancia la constante reivindicación feminista, que postula que las políticas de genero deben ser transversales a todas las otras políticas públicas del Estado.

Desde esta perspectiva es posible plantear líneas de acción tendientes a construir nuevas masculinidades, ya que semejante tarea debe asumirse desde la corresponsabilidad entre diversos actores sociales. Son las organizaciones sociales y el Estado quienes se constituyen como actores claves.

Actualmente existen desde el Estado acciones que buscan trabajar con varones de manera preventiva de las violencias contra las mujeres. Hay programas nacionales que intervienen con el varón una vez que ya ha ejercido violencia para rehabilitarlo. Sin embargo, estas acciones aún se constituyen en políticas minoritarias e insuficientes, ya que la respuesta preferencial del Estado sigue estando enfocada en lo punitivo. Es decir, una vez que ya se han consumado los hechos de violencia machista. Estamos llegando tarde.

En un contexto regresivo como el que vivimos hoy, las políticas de genero se han visto desabastecidas y desfinanciadas, generando una situación de desprotección hacia las mujeres por parte del Estado y un retroceso de los avances conquistados en la temática. Es por ello que se reactualiza la tarea de organizarnos en torno al feminismo para exigir el cumplimiento de lo planteado en la Ley 26.485.

Entre esas reivindicaciones, exigir que el Estado asuma el trabajo con varones para prevenir las violencias contra las mujeres es una línea que no debe descuidarse. Mientras tanto las organizaciones sociales y las diferentes expresiones de la sociedad civil también se encuentran con la responsabilidad de educar a los varones, sean niños adolescentes o adultos, para construir formas más equitativas de relacionarse con las mujeres.

La tarea es cuestionarnos y ponernos en acción

El sábado 9 de septiembre desde las 15:00 se llevará a cabo la Primera Asamblea de Varones Feministas en Santiago del Estero, en el SUM de la Facultad de Humanidades de la UNSE, Av. Belgrano (s) 2180.

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