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Estoy podrido de Radiohead

por Omar Layús Ruiz
Estoy podrido de Radiohead. Lo confieso.
Llegué a la oficina para el trabajo de la siesta y en el momento que activé mi notebook, que había quedado bloqueada, alcancé a escuchar la desesperante voz de Thom Yorke subida a bordo del pulso marcial de “I promise” -uno de los tres tracks que la banda de Abingdon soltó en internet hoy- para de nuevo envolverme en esa sensación que arrastra mi humanidad hasta el deshaucio.
Harto.
No puedo soportar que cada vez que aparezcan sea para romperlo todo.
¿Qué más podría haber quedado de un disco como OK Computer? ¿Qué hizo que joyas como esto que estoy escuchando hayan quedado afuera de un disco como ése? ¿Estaba todo finamente premeditado? Imposible no hipotetizar en conspiraciones que proviniesen de la banda que lo cambió todo y que fue más allá, rompiendo, por ejemplo, con la lógica comercial del mercado musical el día que decidió colgar In Rainbows (2007) y que vos pagases lo que se te antoje por él hace exactamente 10 años, por sólo mencionar uno de los gestos que convirtió a Radiohead en la referencia ineludible del rock de las últimas 3 décadas.
OK Computer. Su obra maestra. Una de las obras maestras de la música contemporánea está en la vidriera de nuevo al cumplirse veinte años de su edición. Un hecho que parece más lejano de lo que realmente es si tenemos en cuenta que en los últimos dos decenios hemos visto más desarrollo tecnológico, más guerras, más paranoia y más cinismo combustible que en un siglo completo. Una vida de veinte años ha experimentado todo eso que en 1997 parecía una fantasía extraída de la cabeza de Thom Yorke.
Vuelve veinte años después de su edición original sin la sensación de haber sido una obra inacabada porque nada parecía haberse quedado fuera de allí.

¿Qué ocurría hace 20 años con Radiohead?
Sonará raro, pero teloneaban a Alannis Morissette, eran comparados con artistas tan lejanos como Nirvana o con sus compatriotas Blur u Oasis. Algo de eso podría haber tenido cabida en tiempos de Pablo Honey (1993), quizá, pero algo rodeaba a OK Computer, algo más, que ya había empezado a gestarse en The Bends (1995) aunque sin lograr todavía ese efecto. Un estado de catatonia que sería llevado al extremo de la mano de la hipérbole gestual de Yorke en el videoclip del track ‘There there’, obra maestra hallada en Hail to the thief (2003), una suerte de raíz dispersa de OK Computer.

¿Es OK Computer un disco conceptual? A lo mejor es un disco sobre la paranoia o sobre algún estado de ánimo posible entre la angustia y el miedo apoyado en las imágenes mentales que se construirían como rompecabezas mientras salían en MTV los videoclips promocionales del disco. También es un álbum que se escucha completo varias veces antes de pasar al infame trackeo que te pasea por ‘Paranoid android’ para continuar con ‘Karma police’ y más tarde ‘No suprises’.
Lo que sí es, sin dudas, mirando para atrás a través de estos veinte años, es un retrato borroso y urgente de los años que vendrán. “En ese entonces, la persona que veía en el espejo me repetía, ‘sos una mierda. Todo lo que haces es una mierda. No hagas eso, es una mierda’” comentaría Yorke a una revista dos décadas más tarde.

El viernes 23 de junio aparecerá una reedición de OK Computer bajo el nombre de ‘OKNOTOK 1997 2017’.
¿Qué hicimos para merecer esto?
Absolutamente nada.
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