Inicio Sociedad Cannabis medicinal. Saldar la deuda.

Cannabis medicinal. Saldar la deuda.

por Monte.
En menos de dos días, por unanimidad y casi sin debate, el Senado hizo historia legalizando el uso de la marihuana para fines medicinales, sumando a Argentina a la onda verde de los países que han modificado su legislación respecto de la planta. La nueva ley extiende los horizontes para la investigación y permite la importación de aceite cannábico hasta que el Estado tome las riendas de la producción. En el Congreso se vivió un clima eufórico entre las organizaciones sociales y de cultivadores que militaron la ley, más aún para las madres que encontraron un alivio para sus hijos en el aceite cannábico.
La marihuana, como medicina, es un fenómeno que en algunos países –Israel, por ejemplo– llevan décadas de investigación y con resultados asombrosos. Sin embargo, como fenómeno social, la información sobre el autocultivo y la producción de aceite para el tratamiento de ciertas enfermedades, ha trascendido los círculos de cultivadores y se ha popularizado (gracias internet). Pero ojo, en el océano de la web no toda información es fiable. No obstante, la Fundación Mamácultiva, una agrupación de madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías, cuenta con su propio sitio web (también puede encontrarse en Facebook) donde se puede acceder a información, novedades, debate, cientos de testimonios de niños que han recibido tratamiento con cannabis y contacto con la fundación.
MamáCultiva fue uno de los principales actores en militar la ley de cannabis medicinal, junto a las diferentes organizaciones de cultivadores y activistas. Si bien la aprobación de la ley es un gran avance para el movimiento cannábico, las organizaciones han manifestado que es extremadamente acotada y no contempla un punto fundamental que es el autocultivo, como alternativa a la importación de fitofármacos de alto costo. Esta fue la experiencia en Brasil, en 2013, cuando padres y madres exigieron al gobierno el derecho a la importación del aceite desde Estados Unidos. Lograron el objetivo, pero debido a los altos costos muy pocas familias tuvieron acceso a la medicina.
CAMEDA (Cannabis Medicinal Argentina) es una de las asociaciones civiles que ha apoyado la aprobación de la nueva ley. Entre sus socios se encuentran pacientes, padres, cannabicultores, profesionales de la salud y del Derecho. Abordando la temática desde una perspectiva científica y legal, esta asociación tiene como fin “lograr una alternativa terapéutica con cannabis medicinal para diferentes patologías que no responden a tratamientos convencionales” y lograr que los pacientes puedan acceder de manera legal a esta medicina, acompañados por el sistema de salud, producido en todas sus formas posibles bajo normas de seguridad y calidad, y sea cubierta por las prestadoras de salud. Para lograr su misión, CAMEDA organiza seminarios en diferentes puntos del país, con disertantes profesionales en las áreas de salud y el derecho, junto a pacientes que ofrecen sus testimonios.
En Junio de 2016 se llevó a cabo en Santiago del Estero el “I Seminario de cannabis medicinal del NOA”, organizado por CAMEDA y auspiciado por el Gobierno provincial. En aquella oportunidad, el seminario tuvo una sorprendente concurrencia: profesionales, pacientes y público en general colmaron la sala del auditorio durante la extensa jornada, dejando a la luz el notable interés y curiosidad por el tema desde los diferentes sectores. Entonces, ¿Se habla o hay voluntad de tratar el cannabis como medicina en nuestra provincia?
Es mediodía y estoy sentado en el bar La Constanza, frente al teatro 25 de mayo. Espero a Fabricio*, médico santiagueño matriculado en la Universidad Nacional de Tucumán, donde también se especializó en Fitomedicina, una rama de la medicina que utiliza extractos vegetales para diferentes tratamientos, en contraposición a la farmacología convencional. Es uno de los pocos profesionales en la provincia que trata a sus pacientes con derivados del cannabis (aceite o tintura madre) entre otras plantas medicinales. La aprobación de la reciente ley, deja en la agenda pública un tema de rigor científico, que corre el riesgo de quedar al mercenario servicio de los medios de comunicación. Entonces qué mejor manera de servirles este tema, que recurriendo al testimonio de un profesional que ya tiene cancha.
“Elegir este tipo de medicina, para mí ha sido como un cambio de paradigma, porque es muy alejado de lo dogmático de la universidad. Salirse un poco de esa línea, esa bajada de línea clara en la medicina de qué es lo que se tiene que hacer y está regido por los laboratorios”. Me cuenta que desde que inició su carrera, ha tenido contactos con personas que lo acercaron a otro tipo de medicina “más integral, más holística”, pero al principio conservaba un prejuicio con respecto a la marihuana.
Actualmente trabaja en una UPA, donde ejerce como médico tradicional y además tiene su consultorio en el centro de la ciudad. Trabaja principalmente con tintura madre, un derivado que se obtiene sumergiendo partes de la planta en alcohol, proceso que explica con envidiable sencillez. También trabaja con aceite cannábico, que los mismos pacientes deben conseguir.
“En lo que más he usado, en patologías neurológicas. Esclerosis múltiple, Parkinson, con excelentes resultados. Tenemos un caso compartido con un colega de Tucumán, un señor mayor de edad, de unos 80 años, con un Parkinson avanzadísimo, que empezamos a tratar con aceite de cannabis. Y prácticamente a la semana el paciente logró levantarse de su silla de ruedas, poder ir al baño solo, con mejor humor, y podía dormir”. Fabricio muestra no sólo convicción y seguridad al narrar, sino también un fresco entusiasmo.
“Muchos pacientes llegan por su propia cuenta, porque al saber que yo tengo esta mirada tienen la posibilidad de abrirse y decirte que usan el aceite”. A su consultorio llegan pacientes con artritis reumatoidea, artrosis severa, fibromialgia, pacientes oncológicos, en los pacientes con cáncer funciona de manera particular, como un antidepresivo.
Cuando le pregunto cuántos pacientes tiene, ríe y me responde “uy, no sé… muchos. Actualmente tengo de 3 a 10 pacientes por semanas que se van con una receta”. A pesar de que hasta hace unos días el uso medicinal del cannabis era ilegal, Fabricio ya trabaja hace un año con discreción con sus pacientes. “Al paciente le importa un carajo si es legal o ilegal, ellos quieren que les calme el dolor, quieren calmar su sufrimiento”.
En un momento menciona el caso de Charlotte Figi, la niña estadounidense cuyo caso conmovió al mundo: Se trata de la primera vez en que, gracias al aceite de cannabis a base de CBD, se pudo controlar un caso extremo de epilepsia infantil considerada hasta entonces intratable. Los profesionales que atendieron a Charlotte reconocieron que estaban ante un hecho médico sin precedente. Paige, madre de Charlotte, nunca tuvo una posición favorable en cuanto al consumo de la planta.
El padre de Charlotte, es un ex boina verde (es decir la crema de la crema de las fuerzas yanquis). Ellos vivían el sueño americano: Casa, jardín, el servicio a la patria y perros, con hijos saludables, nada de drogas ilegales. Pero Paige y Matt se vieron obligados a replantearse sus vidas luego de Charlotte, a los 3 meses, empezara con las convulsiones. Al principio se pensó que eran convulsiones aisladas y los médicos los alentaron diciendo que desaparecerían con el tiempo. Sin embargo, las ataques no sólo dejaron de ser aislados, sino que empezaron a ser recurrentes y cada vez con mayor intensidad.
Charlotte entraría en un desesperante proceso en el que llegaría tener, en sus peores momentos, 300 convulsiones semanales. Los médicos dijeron que podía tratarse del Síndrome de Dravet, un tipo de epilepsia infantil intratable por la medicina alopática. No había forma de detener los ataques. A los dos años su desarrollo se detuvo y comenzó a alimentarse por una sonda; “Tomaba siete medicamentos diferentes que funcionaban por un tiempo y luego los ataques volvían” cuenta Paige, su madre.
El caso de Charlotte se asemeja al de Addy Patrick, la niña que nació con una malformación congénita del cerebro llamada esquizencefalia. Addy, además de padecer alrededor de 100 crisis de convulsiones al día, está casi ciega por una hipoplasia. “Todo fallaba al mismo tiempo -dice Meagan, su mamá-, temíamos perderla”. Los tratamientos médicos fracasaron sistemáticamente y los profesionales empezaron a proponer otras opciones. Todas con más efectos secundarios que beneficios o que dejaban a Charlotte en estado vegetativo, pero fueron más allá: “llegamos hasta el punto en que nos dijeron que querían probar con drogas usadas en animales, con un anticonvulsido que sólo había sido testeado en perros” cuenta su madre.
Así fue como el matrimonio Figi, luego de navegar por internet (gracias de nuevo), encontraron el caso de un niño californiano con el mismo diagnóstico que Charlotte y que había logrado increíbles mejoras con el tratamiento de aceite cannábico. Aún incrédulos, investigaron y se sorprendieron al ver los innumerables estudios sobre los beneficios del CBD (una de las sustancias que tiene la planta). Pero claro, los Figi estaban muy preocupados por el estigma social, pero ya no tenían nada que perder.
Los suegros de Meagan Patrick le sugirieron la marihuana medicinal, ella se horrorizó. Para su suerte, los Figi tenían algo a su favor: vivían en el Estado de Colorado, donde el cannabis para uso medicinal está permitido desde el año 2000. Luego de un largo proceso burocrático, los Figi consiguen un carnet para que su hija de 5 años fuera usuaria medicinal de cannabis (la más joven hasta entonces). No querían que su hija fumase, fueron a un dispensario, compraron una bolsa con cogollos y no supieron qué hacer con eso. Una amiga de la familia se ofreció para hacer el aceite.
Paige y Matt tienen un recuerdo imborrable del momento en que pusieron la primera gota bajo la lengua de Charlotte: la alegría vino cuando no tuve ningún ataque en una hora… y luego en una semana. Los Figi no lo podían creer, parecía un milagro. En este camino, conocieron a los Stanley, una familia de 8 hermanos que desde hacía años, trabajaban con el cultivo de plantas con una genética rica en CBD y con bajos niveles de THC. “Nadie la quería, porque no pega” decía Stanley. Sin embargo esta es la planta que salvó a Charlotte y hoy esa variedad genética lleva su nombre.
Fabricio narra otros casos de sus pacientes con epilepsia y problemas motrices, y se muestra contento por la aprobación de la nueva ley. “Es un avance, para poder desestigmatizar una cuestión que estaba muy tapada y además darle una posibilidad terapéutica a una persona que sufre” argumenta. Considera que el uso responsable de cannabis “debería estar despenalizado”, y pone de relieve la diferencia abismal en el daño que provocan drogas socialmente aceptadas, como el alcohol y el tabaco. “Todas esas drogas ansiolíticas, Alplax, Clonazepan, que hoy en día se recetan como si fueran caramelitos, son altamente adictivas, generan tolerancia, es decir, cada vez necesitas más dosis; y hay kioskos que te las venden. Es una total hipocresía que hay con respecto a la marihuana. Hay que romper el estigma de la planta, de pensar que ‘ah! Eso es droga’”.
“Es necesario explicar a las personas que todo es droga. Esta es la peor droga que hay” dice Fabricio, levantando el sobre de azúcar junto a la taza con café. Me cuenta su primera experiencia, fumándola, a sus 20 años. “Debo admitir que en un principio era medio anti marihuana”, pero le había ganado la curiosidad y en una reunión con amigos dio sus primeras pitadas. Ese fue el momento del clic cuando “me di cuenta que no estaba viendo elefantes de colores ni tenía mi vida perdida”, hasta confiesa que se divirtió, que luego se comió un lomito y se fue a dormir. Hablamos sobre prohibición, un poco de historia de la planta, sobre la hipocresía social, sobre alcohol y tabaco. Me cuenta de cómo un colega mexicano despertó su interés en la marihuana como medicina y otras plantas y que le regalaron un vaporizador hace poco.
Fabricio se muestra convencido sobre lo que pueda ocurrir de ahora en más con la nueva ley y la aceptación de esta alternativa no sólo en la sociedad santiagueña, sino también en la comunidad médica.
Ya son varios los Estados norteamericanos que han regulado la marihuana para uso medicinal (algunos han regulado la planta hasta para su uso recreativo). Otros países en diferentes lugares del mundo optaron por una postura abierta a las investigaciones y regulación de la planta, arrojando resultados positivos no sólo en el área de salud, sino también en lo económico, en la industria y en la seguridad. Países Bajos exhibe una caída en los índices de inseguridad, hasta el punto de cerrar cárceles.
Israel tiene uno de los mejores sistemas de salud que incluye los tratamiento con derivados de la marihuana, al igual que Canadá y Portugal. España ha regulado el autocultivo y Uruguay fue por todo al legalizarla completamente, bajo un estricto control del Estado (como hicieron con el aborto). La ciencia avanza cada día, cada segundo. Nuestra sociedad empieza a abrirse a nuevas concepciones y cuestiona las viejas estructuras.
La marihuana medicinal cuenta con una vasta evidencia y aval científico. La prohibición fracasó y nos toca vivir los años de penosa, orgullosa y dañina retirada. Sus intransigentes defensores atraviesan una crisis de creencias: cuando el miedo y la incertidumbre dejan de tener justificaciones, se transforman en una de las peores formas de fe, en un fanatismo destructivo.
*Nombre ficticio para resguardar la identidad del profesional entrevistado.
Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here