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La mirada premiada (I)

Con la 88º entrega de los Academy Awards a la vuelta de la esquina, la mirada especializada de Pedro A. Gómez ofrece un recorrido por los puntos más altos -y no tanto- de las principales candidatas en las diferentes ternas. Algunas de ellas ya fueron estrenadas en nuestro país y sobre las demás tendremos noticas muy pronto.

por Pedro Arturo Gómez

CAROL (Todd Haynes, 2015)

 

Director fundamental del cine queer (el cine de las identidades sexuales apartadas de la heteronormatividad), Todd Haynes regresa a la década de los ’50 en los EE.UU. -época en la que había ambientado su película de 2002 Lejos del paraíso (Far From Heaven)- para narrar otra historia de amor “prohibido”, esta vez el romance entre Carol, una refinada mujer madura de la alta sociedad (Cate Blanchett), y Therese, una joven empleada de una tienda de juguetes (Rooney Mara). Sobre la base de una novela de Patricia Highsmith, el verdadero logro del film es el entretejido a la vez tenso y terso de un juego de seducción, donde los gestos, los movimientos solapados y las miradas, más que las acciones, componen una atmósfera de exquisita e inquietante cristalización del deseo. Mientras los picos dramáticos aparecen en los choques entre Carol y su asfixiante marido, la relación amorosa entre las dos mujeres -dos superlativas actuaciones- avanza como una sedosa pero enérgica napa que se abre camino desde lo subterráneo hacia una superficie que le es adversa, un enclave donde los sentimientos y las decisiones que alientan demandan una elemental valentía.

Está nominada como:

  • Mejor actriz: Cate Blanchett
  • Mejor actriz secundaria: Rooney mara
  • Mejor guión adaptado
  • Mejor fotografía
  • Mejor banda sonora
  • Mejor diseño de vestuario

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 PUENTE DE ESPÍAS (Bridge of Spies – Steven Spielberg, 2015)

 

Spielberg narra con sobrio y fluido oficio un episodio de la Guerra Fría, durante la segunda mitad de los ’50, en el que un prominente abogado (Tom Hanks) se ve en la instancia de intervenir en un juicio como defensor de un espía soviético arrestado en New York, para después participar como principal negociador en el intercambio de su defendido por un piloto estadounidense prisionero de los rusos, en la Berlín de los días en que se construyó el muro entre el sector oriental y el occidental. La ausencia de exaltación patriotera, un tono que evita casi del todo la grandilocuencia, suspenso dosificado con exactitud y pizcas de humorismo, sólidas actuaciones entre las que sobresale la de Mark Rylance, como el espía soviético, un personaje trabajado con hondura humana por el relato, son elementos que hacen de esta película un pasatiempo que sin arrojar demasiada luz a la comprensión de ese período histórico, resulta muy eficaz a la hora de capturar la atención del espectador. Eso sí, Spielberg no se priva de apuntar en el epílogo, con uno de esos típicos subrayados suyos, una analogía que pone en evidencia un significado ya del todo evidente.

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Está nominada como:

  • Mejor película
  • Mejor actor secundario: Mark Rylance
  • Mejor guion original
  • Mejor banda sonora

 

 LOS 8 MÁS ODIADOS (The Hateful Eight – Quentin Tarantino, 2015)

 

Nuevo juguete tarantinesco, verborrágico y ultra violento, como corresponde con la figura y genio de su director, esta vez con apuntes de crítica social al siempre recalentado escenario de conflictos raciales en Estados Unidos. “Cuando los blancos están desarmados es el único momento en que los negros estén seguros”, dice el caza-recompensas que compone un magistral Samuel l. Jackson, el segundo héroe negro de western en las también dos (hasta el momento) incursiones de Tarantino en este género, tras el Jamie Foxx de Django desencadenado. Pero esta vez una de los ingredientes característicos del western, el gran espacio natural en su áspera vastedad cede lugar -salvo en algunas secuencias fotografiadas con nevado esplendor- al espacio cerrado claustrofóbico que remite a la opera prima, Reservoir Dogs. Eso sí, se destaca en la banda sonora la partitura original de Ennio Morricone, cuyas composiciones son emblemáticas del western en su modalidad spaghetti. Devoto del exceso, Tarantino ocupa más de tres horas en desarrollar una historia plena de recovecos y alambicados giros, sostenida en gran medida por la nerviosa agilidad de la cámara y la solidez de las actuaciones, entre las que sobresalen las de Tim Roth, el inmenso Kurt Russell y la descomunal Jennifer Jason Leigh, que encarna a una villana de rabiosidad memorable. Como no podía ser de otro modo, hay un puñado generoso de referencias cinéfilas, porque como ya sabemos el cine de Tarantino no habla acerca del mundo sino del cine, auténtico cine el suyo sin exterioridad, razón por la cual tiende a caer en la autofagocitación. Es así que de a ratos el relato deriva en una especie de “who dunnit”, tipo misterio de Agatha Christie con detective entregado a sus elucubraciones en largos parlamentos, sumado a emblemas del género de terror como “grupo encerrado en cabaña expuesto a un peligro que desembocará en carnicería” (Evil Dead, Cabin Fever, The Cabin in the Woods y un largo etc.) y la icónica referencia a la Carrie de Brian De Palma. Por supuesto, la sangre estallará inundándolo todo, como si de los mismísimos ascensores del Hotel Overlook, abiertos de par en par, en El Resplandor de Kubrick se tratara, gore descafeinado del manierismo tarantinesco que la complicidad del público festeja con gozosas risotadas. En suma, otra vuelta más en el carrousel de Tarantino. Hasta la próxima vuelta.

Está nominada como:

  • Mejor actriz secundaria: Jennifer Jason Leigh
  • Mejor fotografía
  • Mejor banda sonora

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JOY (David O. Russell, 2015)

Después de películas como El ganador (The Fighter), El lado luminoso de la vida (Silver Linings Playbook) y Escándalo americano (American Hustle), David O. Russell’s precipita su cine alguna vez “independiente” en la complacencia. Joy es una fábula, un cuento de hadas capitalista, con lo peor de las fábulas que versionan la realidad del mundo contemporáneo: una moraleja a favor de las reglas del juego. En este caso se trata de una joven empleada y ama de casa, una especie de cenicienta lastrada por una fonambulesca familia disfuncional (una de las especialidades temáticas de Russell), cuyos sueños terminan recortándose según el patrón del gran sueño (norte)americano del self-made-man, “self-made-woman” en este caso. Lo mejor de la película está en la pintura humorística del grotesco doméstico familiar, en el que el ex marido de Joy y su padre divorciado conviven en estado de guerra en el sótano de la casa, mientras su madre (una magnífica Virginia Madsen) pasa los días recluida en compañía de telenovelas. La oportunidad para Joy aparece con la pequeña fortuna de una nueva novia de su padre (Isabella Rossellini, exacta, espléndida) y a partir de allí se tratará de una carrera de obstáculos por el camino del entrepeneurismo. Libremente basada en la figura real de Joy Mangano, exitosa inventora y emprendedora, asociada con el fenómeno del telemarketing, la película arroja su mensaje de autosuperación en la tierra de las posibilidades donde “lo común se encuentra con lo extraordinario”, ejemplarismo que ni el encanto de Jennifer Lawrence en sus mejores momentos logra hacer digerible. (ATENCIÓN: SPOILER) Después de una entretenida, y de a ratos mecánica, sucesión de adversidades y reanimaciones, lo más infeliz es el final feliz.

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Está nominada como:

  • Mejor actriz: Jennifer Lawrence

 

 

LA GRAN APUESTA (The Big Short – Adam McKay, 2015)

 

“Vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano que siembras la disensión entre la multitud de las naciones, voy a hacerte ultrajar según tu naturaleza”. Así pinta al dinero Shakespeare en su obra Timón de Atenas. Un eco de esta amarga semblanza resuena en las palabras del personaje de Christian Bale en La gran apuesta (un neurocirujano devenido en excéntrico financista adicto al heavy metal), cuando después de asomarse a la caída que vendrá decide apostar en contra del mercado inmobiliario y declara: “no apuesto contra unos bonos, apuesto contra el sistema”. De eso se trata este relato: la historia del apocalipsis financiero de 2008 cuando en Estados Unidos estalla la burbuja inmobiliaria y las historias de unos cuantos personajes del mundo de las finanzas que en la antesala de la hecatombe intentan alertar y/o sacar provecho del desastre económico. Estructurada en viñetas, con un uso lúdico de elementos provenientes del testimonio y la didáctica de cierto documentalismo, entrelazando drama y comedia, la narración sortea con agilidad la difícil tarea de adentrarse en la compleja maraña de este mundo que se desploma, de lo que resulta un dinámico retrato de las miserias del establishment financiero y bursátil, con su bestiario de banqueros rapaces y especuladores. Las acciones que le dan vida a este universo implican un vocabulario y operaciones cuyos tecnicismos hacen que el relato se vuelva a menudo abstruso para el espectador ajeno a los mecanismos de la economía, ante lo cual recursos imaginativos como el de hacer que celebridades de diversos campos expliquen ciertos conceptos técnicos son más simpáticos que eficaces. Tampoco es del todo claro qué son y a qué se dedican en lo específico estos hombres y mujeres de números y negocios en febril movimiento, ni cuáles son sus móviles particulares, eso sí sostenidos por vigorosas actuaciones entre las que sobresalen las de Christian Bale y Steve Carell, quienes les dan una sinuosa encarnadura humana a sus personajes. No obstante, este friso cinematográfico de la criminalidad de Wall Street sale muy airoso en su objetivo de trazar con mirada crítica y nervioso pulso narrativo una posible crónica del capitalismo salvaje.

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Está nominada como:

  • Mejor película
  • Mejor director: Adam McKay
  • Mejor actor secundario Christian Bale
  • Mejor guión adaptado
  • Mejor montaje

 

STAR WARS VII: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (Star Wars: Episode VII – The Force Awakens. J. J. Abrams, 2015)

 

La meta de Episodio VII era, precisamente, despertar la fuerza, reanimar su llamado, rescatarla del encallamiento en el que la había incrustado la malograda trilogía – precuela ultra CGI de papá George Lucas. Al mismo tiempo debía contar una historia capaz de inscribirse con solidez en la mitología Star Wars, reavivándola como el mejor de los mundos posibles para el celosísimo universo de fans, y a la vez capturar la pasión de nuevas generaciones de espectadores. Por supuesto, no se trata de una meta que se interese sólo por la salud de una ficción emblemática de la cultura de masas, sino que persigue la vigencia y productividad de una de las franquicias más redituables en la industria del entretenimiento. En ese sentido, Episodio VII es una secuela, un reboot y… una remake, porque funciona además como un “Greatest Hits” o “Best Of” de Episodio IV y Episodio V, recreando (hasta reproduciendo) las situaciones y escenarios más icónicos de esos eslabones de la saga. Es así que las virtudes de El Despertar de la Fuerza son sus principales defectos, en la medida en que no se arriesga a salir de esas coordenadas de contenidos y estética que la anclan a lo que en sus orígenes era el mundo Star Wars. Más allá de esos logros retroactivos, pero funcional a ellos -junto al retorno de presencias tan entrañables como Han Solo, Chewbacca y la Princesa Leia (Luke Skywalker es de la partida, pero de modo más misterioso)- los nuevos personajes tienen vitalidad propia, con buena química de interacción, salvo el principal villano de la ocasión, Kylo Ren, que no alcanza la consistencia y estatura de un ser oscuro y maligno que haga de relevo del supremo Darth Vader. Tampoco falta el comic relief robótico de R2D2 y C3PO, a los que se suma BB-8, con su encanto esférico. Y ahí están también las naves más reconocibles, las X-Wing y el Halcón Milenario, con el vértigo de sus batallas aéreas y espaciales. ¡Y la gran partitura del maestro John Williams! Gracias a todos estos elementos y muchos otros (¡ah, el ajedrez de monstruitos hologramáticos!), o a pesar de ellos, puede que J. J. Abrams (artífice del brillante resurgimiento de la otra gran franquicia de la ciencia ficción audiovisual, Star Trek) no logre esta vez que los sables láser irradien la plenitud de su energía, pero la fuerza convoca hacia la nueva esperanza de las dos películas que vienen para completar esta trilogía que nos devuelve con regocijo a esa galaxia muy muy lejana.

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Está nominada como:

  • Mejor sonido
  • Mejor banda sonora
  • Mejor montaje
  • Mejores efectos visuales
  • Mejor edición de sonido

• Revista Cabeza.

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